Apareciste casi de inmediato, tras las primeras explosiones de artificios.
Casi no me dí cuenta cómo estuviste aquí, parada a mi lado, tan bella, tan silenciosa, tan envolvente.
Sin embargo, como ya te conozco tanto, sólo te mire, no te hablé.
Y tú, con tu sonrisa.
(Pensé que habías llegado porque los amigos y amigas que planeábamos juntarnos, finalmente no habían venido. Y esas personas no siempre te caen bien).
Me observaste, tranquila, fotografiar los chorros de fuego y pasearme divertido por el balcón abierto a la noche llena de colores.
Te sentaste a mi lado en las sillas blancas.
Cuando se acabó el espectáculo, unos 20 minutos más tarde, te observé con calma: estabas como usas ahora, tranquila, tan bella, tan suave.
Te pregunté, entonces, si te quedabas esta noche.
“Si, seguro”, me dijiste. Y de inmediato aclaraste: “pero nada de sexo por hoy”.
“Está bien, querida”.
Y entramos a tomarnos una copa de ron.
Tigre del BarriOjo


Tengo la impresión que el Sr. Barri subió acá una página de su “querido Diario”. No veo razón para enterarnos de sus cacerías íntimas en jornadas de artificios. Más encima escrito en cursiva, para agravar aún más el kitsh sentimental.
Pero la gráfica está superlativa y merece un ron. ¡Salud!
Cécille Mondrian.
(Cuernavaca)